ENSEÑANZAS DE LAO TZI


Tao Te King. Lao PRINCIPIOS DEL TAO . La idea de expresada en el budismo cuando se habla de la gran herejía de la separatividad. Las enseñanzas budistas afirman que toda la creación es una y única, y que es la mente del hombre la que crea divisiones y ve las cosas desde un punto de vista dual y subjetivo. Por eso, consideran la mente como la gran destructora de lo real.

La doctrina del Tao propone una forma de acción que trasciende esa dualidad. Los grandes maestros de la Humanidad siempre han amado por igual a todos los seres, sin distinciones. Para el Tao, no hay un ser que sea más importante que otro. Somos nosotros los que, con nuestros intereses y deseos, consideramos unas cosas mejores, más agradables o más importantes que otras. Así, nuestra conducta se guía por lo que me gusta, lo que no me gusta; lo mío, lo de aquel; lo que quiero, lo que no quiero, lo que nos hace estar actuando continuamente fuera del Tao.

La acción inspirada en el Tao obra sin retener, no guarda para sí, no pretende atesorar, no busca enriquecerse. Porque la naturaleza del Tao es precisamente el flujo de la vida y de las cosas. Es nuestra mente subjetiva, interesada, la que nos hace ver ganancias o pérdidas en las cosas, dolor o placer, lo que nos lleva a ponerle una intención a nuestros actos. Pero, desde el punto de vista del Tao, todo eso no es real. Parece real para nosotros por nuestra propia percepción y por nuestro enfoque parcial e interesado de la vida.

Lao-Tsé se refiere al Tao como la Vacuidad. Afirma que el Tao es grande precisamente porque está vacío. Es por ese vacío por lo que las cosas son útiles. Las vasijas tienen capacidad de contener porque están vacías, y las casas se pueden habitar por su vacío. Si imaginamos al Tao como una gran matriz, comprenderemos que es por esa vacuidad. Si no fuese así, si no estuviese permanentemente vacío, no podría ser permanentemente creativo, y no podría mantener el flujo continuo de vida. Por eso, al Tao se lo considera la Madre de todos los seres.

En este sentido, Lao-Tsé aconseja vaciar la mente de deseos y de intenciones para, una vez exenta de intereses personales, poder obrar de acuerdo con el Tao. En esto se basa también el concepto del wu-wei, y la recta acción del Bhagavad Gita hindú. Este es el verdadero sentido del no actuar. El Tao actúa, pero no pone intenciones a las cosas, no trata de favorecer a unos sobre otros, y toma en cuenta por igual a todos los seres. La recta acción no tiene connotaciones morales, en el sentido de bueno o malo, ya que tanto en las buenas como en las malas acciones volveríamos otra vez a la dualidad. La recta acción, similar al imperativo categórico de Kant, hace coincidir el querer con el deber. Nosotros, de forma instintiva, consciente o inconscientemente, tratamos a las personas y a las cosas queridas con un afecto especial que no sentimos hacia lo que nos es extraño, tiñendo de intención nuestras acciones y nuestra conducta.

Quienes han comprendido el Tao actúan por igual con todos los seres. Esto es lo que está en la raíz de todas las religiones: no hacer distinción entre los seres. Lógicamente, resulta una meta a alcanzar. Como seres humanos dotados de voluntad y libertad, tenemos la capacidad de elegir entre actuar o no conforme al Tao. La diferencia entre un hombre común, como nosotros, y un sabio, reside, entre otras cosas, en nuestro concepto de libertad. Para el sabio, la libertad no consiste en hacer esto o aquello, sino en plegarse a la voluntad del Tao.